LO QUE TU CORAZÓN NECESITA :: Prem Rawat
La verdad molesta a la gente. Porque a todos nos gustaría tener nuestra pequeña verdad, y sentirnos a gusto con ella. Esa verdad que sería algo como estoy bien, estoy perfectamente, no necesito nada ni siquiera eso de lo que Maharaji habla, no lo necesito porque estoy bien.
Pero lo que yo digo es no se trata de lo que tu necesites, sino de los que necesita tu corazón. La reacción es de sorpresa. ¿Cómo? Yo ya se lo que necesita mi corazón. Otra contradicción con la verdad. Este es uno de esos temas de los que no se sabe cómo hablar porque es tan.. la verdad es algo tan íntimo. No puedes hablar con un amigo sobre ella. La verdad es tan íntima porque tu sabes. Tú sabes la verdad. Y hagas lo que hagas, vayas donde vayas y te escondas donde te escondas cómo vas a ocultarte de ti mismo. Es fácil ocultarse de un amigo. Sencillamente te vas al baño y cierras la puerta. Si tu amigo está en Italia contigo, te vas en avión a Nueva Zelanda. Pero ¿cómo te escondes de ti mismo? Ése es el problema verdad. Vayas a donde vayas, aunque sea a Nueva Zelanda, vas contigo y también va tu corazón y tu búsqueda, tus pensamientos y tu comprensión. Todo te sigue donde quiera que vayas.
Por eso hay que resolver esa cuestión. Hay que comprenderla, no hay que temerla porque la paz, la plenitud del corazón es lo que más alegría produce de todo cuánto existe. Y me refiero a una alegría incomparable.
Mucha gente piensa que para obtener “la alegría suprema”, sea eso lo que sea, para lograrla tienes que renunciar a las pequeñas las alegrías de la vida. No es cierto. O que la alegría de ver a un bebé dar sus primeros pasos hay que sacrificarla para disfrutar de la alegría suprema. Eso es falso.
Los seres humanos hacemos algo muy curioso. Realmente curioso. No se porqué lo hacemos. No soy científico. Soy solo un observador. Se trata de que cuando algo empieza a estar demasiado cerca para resultarnos cómodo, lo alejamos tanto como podemos.
Por ejemplo. Dios. Es muy incómodo que esté tan cerca de nosotros. Así que dónde lo ponemos, allá arriba. ¿Dónde está Dios? Aquí “señalando hacia arriba”. Aquí, “al lado de nosotros” eso es inaceptable. En mí.. eso es terrible, de ningún modo si está tan cerca. ¿Dentro de mi? Recuerdo que hace tiempo tuve un examen de ética en la escuela en el que preguntaban ¿dónde está Dios? Mi respuesta fue, según lo que he estudiado, Dios está en todas partes, de modo que también está en mi. Me suspendieron. Risas… Esa noción no fue muy apreciada. Porque la respuesta debió haber sido: Dios está en el cielo. ¿Dónde está el cielo? A miles de millones de kilómetros. Y es que si está tan lejos de mi eso me permite seguir viviendo dentro de mi pequeña realidad. Y que todo vaya de perlas, porque puedo hacer cualquier cosa y nadie me verá. Nadie, ni siquiera Dios. Dónde está Dios: allá arriba.
Y así sigue y sigue y sigue… Nuestra historia y el modo en que comprendemos las cosas. Nuestra historia y nuestros intentos y penalidades por comprender qué es verdad. Durante todo ese tiempo la verdad no ha estado lejos sino dentro del corazón de cada ser humano. Ahí reside. La verdad no es una afirmación. No es tal cosa. Es un sentimiento, una realidad, es belleza, igual que lo es la alegría, y la paz y esta vida. Cuando algo nos resulta incómodo por estar tan cerca… Es que si quieres llegar a la verdad suprema tendrás que renunciar a todas esas cosas de las que disfrutas en tu vida, porque no puedes tener ambas. Por qué no, por qué no puedo disfrutar de ver a un bebé dar sus primero pasos y a la vez sentirme satisfecho con mi propia vida. Por qué.
El anhelo de felicidad no es algo que haya creado yo, sino que nací con él. La sed de satisfacción no es algo aprendido. Nací con ella. El anhelo de sentir paz, alegría, plenitud ha estado siempre en mi interior. Es algo que nunca tuve que aprender, que nunca tuve que estudiar. Algo que siempre supe. Y que siempre sabré, y hasta mi último aliento. Hasta el último aliento. Me esforzaré para que haya paz en mi vida. Paz.
Es una búsqueda tan apremiante que es innegable. Aunque se muevan las montañas, esa búsqueda permanecerá inalterable. Podrá separarse los mares, pero esa búsqueda no cambiará. Seguirá igual y su única conclusión posible es que tu, yo, alcancemos la plena satisfacción. Si supone un desafío acéptalo. Si se trata de un deseo, cúmplelo. Si es un llanto, tráele consuelo. Si es una necesidad, satisfácela. Porque no es posible escapar de ser quien eres.
Maharaji
El encuentro
Esta foto fue tomada el día que Maharaji aceptó la responsabilidad de traer este mensaje de paz y plenitud a la gente de todas partes del mundo.
El día 31 de Julio de 2006, se cumplió 40 años, desde que Maharaji fue reconocido como el nuevo Maestro.
En el año 1966, el que escribe estas líneas de agradecimiento hacia Maharaji por haberme mostrado el Conocimiento de uno mismo, contaba 18 años de búsqueda desesperada por este mundo.
Cuando mi corazón comenzó a comprender que en algún lugar de esta tierra habría un ser con el don, potestad, autoridad y la capacidad de llenar ese vacío interior, ya se estaba narrando mi verdadera y auténtica historia de amor.
Dice El Kybalion: «Dondequiera que estén las huellas del Maestro, allí, los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par en par». Y además: «Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría». Otro aforismo dice: «los labios de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender.»
Esto no sucedió hasta los 26 años. Ocho años estuvimos preparándonos para el encuentro. La vida nos fue deparando acontecimientos que irían cambiando nuestras vidas, para hacer posible el anhelado encuentro, al menos por mi parte. Se dice que el Maestro envía primero a sus devotos para que con sus súplicas vayan preparando su presencia.
En el país de grandes maestros y devotos un ser rebosante de inmaculado amor se estaba preparando para darse a conocer a los verdaderos buscadores ansiosos por conocer la verdadera realidad.
Maharaji fue creciendo en amor, comprensión y dedicación hacia la gran obra para la que había sido elegido. Poco a poco fue descubriendo que seres de todo el mundo le estábamos lanzando gritos desesperados. Y pronto descubrió que no debería demorar por más tiempo la llamada interior que le impulsaba a extender el mensaje de que la paz reside dentro de nosotros, y hasta que el hombre no esté en paz consigo mismo, no habría paz en el mundo.
Cuando escuché hablar de Maharaji por vez primera, un rayo de luz y esperanza se hizo presente y todo mi ser parecía asentir ante la posibilidad de que lo que estaba viviendo en esos momentos fuera cierto.
Mi corazón se había atrincherado herméticamente. Motivado todo ello, por las falsas expectativas de este mundo, siempre dispuesto a enseñarte que lo que ven estos ojos es la realidad. Algo dentro de mí se negaba aceptar esa visión deformada y lo rechazada automáticamente. No quería seguir los senderos que esta sociedad materialista, anclada en el sinsentido e ignorancia se cuidaba de disponer para que le siguiera con los ojos cerrados. Ya no confiaba en nada ni en nadie. La soledad cada día era más densa. Me rebelaba y gritaba a los cuatro vientos, pero el eco de ese grito regresaba una y otra vez, partiéndome en mil pedazos.
Una anhelada evidencia acompañada de mucho amor fue diluyendo ese caparazón que me había fabricado y dosis de paciencia, cuidado y delicadeza fueron destruyendo los muros del castillo de marfil donde tenía ubicado mi sitial, esperando alguna señal para volver a renacer.
Y como el ave fénix renaciendo de sus cenizas, fui cobrando vida y abriendo los grandes ventanales de mi corazón para que entrara la luz que poco a poco fue disipando la oscuridad que durante tanto tiempo había estado escondido.
Maharaji hizo lo que ningún ser en este mundo había sido capaz. Llevarme de la oscuridad a la luz…
F.G.M.
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